Aunque el título me ha quedado como el de una portada de la “Muy Interesante”, os intentó explicar sobre lo que voy hablar. Se trata analizar cómo ha cambiado nuestra forma de comunicarnos en los últimos años. Sobre todo para temas de ocio, como el simple hecho de quedar con los amigos.
No ha pasado tanto tiempo, pero produce hasta nostalgia recordar cómo quedábamos hace años. Llamábas a un colega al fijo de casa a la mediodía y quedabas en el bar de siempre, a la hora de siempre. Difícilmente había más incertidumbre.
Cabe puntualizar que hay un aspecto que no ha cambiado, al menos en las cuadrillas numerosas. Siempre hay un amigo que es la “centralita” al que llama todo el mundo. Puede ser porque es el que lleva la voz cantante en el grupo o porque es una especie de “sereno” de fin de semana, que siempre está en la noche bilbaína, cuidando que haya fiesta.
Los tiempos del teléfono fijo tenían cosas buenas: quedabas en un sitio a una hora y rara vez se cambiaba el plan. Sin embargo también tenía sus dificultades. Sufren de semana habías tenido “rollete” y la chica que había dado el teléfono de casa, tenías que echarle un par de huevos. Sobre todo cuando tras un par de tonos, una voz masculina, dura e imponente contestaba al otro lado. Entonces de temblaban hasta las canillas. Y cuando te preguntaban ¿de parte de quién? Sólo acertabas vas a decir: “Emmm, sí …, de un amigo“.
Volviendo a los amigos, cuando salieron los primeros móviles, ni todo el mundo tenía, ni los usaba para quedar aún. Recuerdo frases como ésta: “Me han dicho que en Madrid, se llaman al móvil para quedar cuando ya están saliendo en el coche ¡Qué payasos! Con lo fácil que es quedar al mediodía ¡Y no gastas en móvil, que es super caro!”
Pronto los teléfonos móviles empezaron a ser usados por todo el mundo. Pero eso sí, aún quedaba un pequeño reducto que se oponía a tenerlo. “A ver ¿Para qué ostias quiero un móvil? ¿Para que me controle la vieja, y la parienta?”. O otra más divertida “Yo soy la única persona de este país que no tiene móvil y ni ha visto Titánic”.
Ocurría que algunos individuos de esta “resistencia”, después estando de fiestas, te pedían el móvil para llamar. Así que tuvieron que sucumbir poco a poco y se pasaron al “lado oscuro”.
El resultado de la “movilidad”, sobre todo, ha sido que los planes son cada vez más improvisados. Esta suele ser la conversación de un típico viernes a la tarde: “No sé cómo hemos quedado todavía, fulanito tiene gimnasio, menganito no sabe aún si tiene ganas de salir, y está igual queda primero con las amigas y luego si eso nos llama”.
También hay cosas buenas. Hace años te perdías por medio de San Fermines y lo primero que pensabas era: “Adiooooooos!”. Lo curioso es que alguna vez te encontrabas, aunque el mal rato no te lo quitaba nadie.
Ahora estamos en la época del WhatsApp. Y también la gente que no lo tiene se está quedando atrás. De esto que ves por la calle y te encuentras a todos tus colegas tomando cañas en una terraza:
- ¡Cabrones! ¡¿Por qué no me habéis avisado?!
- ¡Pero si he avisado a todo el mundo! Esto… ah bueno… que tu no tienes WhatsApp
Continuaremos con la segunda parte de comunicación: esta vez por internet. Del mIRC al Facebook.
Ver segunda parte – Comunicación, fiesta y tecnología (II)



