Confieso que creía que era el único al que me sucedía aquello. No tenía perdón siendo un bilbaíno de toda la vida. Pero hace poco, en un poteo por sus bares, otro amigo me comentó lo mismo y me quedé más tranquilo: Así que mal de muchos, consuelo de tontos.
El caso es que cuando uno está en la Plaza Nueva, por muy del centro de Bilbao que sea, se acaba perdiendo. Y no me entendáis mal, que no es que los zuritos nos lleven a hacer un viaje espacio-temporal, y creamos estar en otra ciudad, si no que uno no sabe en qué parte de la plaza está.
Si uno no toma una referencia está perdido y eso se ve en las conversaciones por el móvil, cuando alguien que viene un poco más tarde pregunta: “Sí, estás en la Plaza Nueva, pero ¿dónde exactamente?”
Entonces el semblante del que está al teléfono cambia y se vuelve un poema: “ Bueno, sí… entras por Unamuno, bueno no, espera, ven mejor por el Arenal… Espera”. Entonces tapa el auricular y pregunta desesperadamente a su cuadrilla “Oye, ¿dónde estamos?”

Lo cierto es que en Santo Tomás tiene fácil solución porque aunque haya más gente, hay una referencia clara, un pivote publicitario de una entidad bancaria en el centro de la plaza, donde se queda a tiro hecho.
Esa parte central de la plaza, que ahora sólo tiene baldosas, tuvo en su tiempo un kiosko. E incluso en 1871 con motivo de la visita de Amadeo de Saboya, se convirtió en Venecia, con góndolas y todo. Iniciativa esta que por mi parte estaría encantado de que se repitiese.

Dejamos Venecia y volvemos al pobre amigo que llegaba tarde y al que todos pensábamos que habíamos dado la explicación perfecta de nuestra ubicación en la plaza. Finalmente el hombre llega con cara de cansado y dice: “Joer, ya me ha costado encontraros ¡He tenido que recorrer las 4 esquinas de la plaza para veros!”.
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