Recorriendo la carretera que comunica Bakio con Armintza nos encontramos con él. No es el primer mirador que aparece en el camino, sino el segundo, en una curva a izquierdas con una explanada de gravilla a la derecha.
Según nos detenemos allí y bajamos del coche, el sonido del mar se escucha a lo lejos entre el silencio. Unos bancos de piedra y una vetusta barandilla nos conducen hasta el extremo del mirador donde podemos disfrutar de la mejor vista: el Mar Cantábrico con San Juan de Gaztelugatxe al fondo.
Reconozco que aunque he tenido en mi retina muchas veces el paisaje, pero siempre me quedo inmóvil admirándolo. La montaña, el mar, la curiosa península a lo lejos en la que se percibe en lo alto, como un pequeño punto, la ermita de San Juan de Gaztelugatxe.

Hay lugares que son públicos, dispuestos a que cuaquier persona pueda visitarlos, pero que uno siente como suyos: como si ese lugar le perteneciese sólo a él. Es lo que me ocurre a mí con este mirador.
Por eso lo he disfrutado de muchas maneras. En soledad, como hoy, escuchando el rumor del viento moviendo las copas de los árboles, con un cielo gris amenazando lluvia. Con la mirada perdida en un punto del horizonte tratando de parar el tiempo y desconectar de todo por unos instantes.
Otras veces fui acompañado, y los días fueron climatológicamente mejores: con un sol radiante que magnifica la vista. Aún recuerdo la primera vez que fui, con mi familia de pequeño, ya que fue mi padre quien nos descubrió el lugar. También he ido con amigos que vinieron de fuera, y es que a quién no le pasa: tienes tesoros a unos pocos kilómetros que sólo visitas cuando alguien viene de viaje y planeas pequeño un recorrido.
También con personas especiales a quien enseñas el lugar como si fuese tu casa, porque lo sientes tuyo. Como si ya compartirían algo más contigo por estar allí.
Lo cierto es que cuando estoy cerca de Bakio por algún motivo, siempre busco alguna excusa para detenerme allí y poder disfrutar unos instantes de esa gran vista. Si vosotros también queréis disfrutarla, aquí tenéis dónde está. Seguro que merece la pena.


