- Abuelo, ¿Qué trae ese barco?
- Plátanos, hijo – Respondió él
Las barreras llevaban unos minutos puestas en el puente de Deusto, con aquel semáforo en rojo para parar a los coches. El gran barco, lleno de contenedores se iba acercando por aquella ría color chocolate, en aquel Bilbao gris.
Yo pensaba en la cantidad ingente de plátanos que podía traer aquel barco. Íbamos a tener plátanos en Bilbao hasta el día del juicio final, por lo menos. En el lateral del barco se podía leer en letras grandes “Líneas Pinillos”.
Muchos bilbaínos nos agolpábamos a ambos lados de la ría, mientras el puente comenzaba a abrirse muy poco a poco. La mayoría esperaban allí poque no les quedaba más remedio, pues entonces el puente de Deusto era el último punto de la ciudad donde se podía cruzar la ría.
Para otros, como yo, que se abriese el puente era todo un acontecimiento. Por eso nuestro abuelo nos había llevado allí a mi hermana y a mí. Había visto en el periódico que el puente se iba a abrir a esa hora, y aquello tenía su pequeño puntito social.
Eso sí, en aquel Bilbao del principio de los 80, industrial y contaminado, los que asistíamos a la apertura del puente levadizo de Deusto éramos casi todos bilbaínos. Nada comparable con la cantidad de turistas que recorren ahora esa zona, y que seguramente ahora recogerían aquel momento con sus cámaras y móviles.
El momento cumbre del espectáculo llegaba cuando el barco atravesaba el puente abierto. Y después de cruzarlo, el puente se iba cerrando poco a poco, hasta dejar de nuevo unidas ambas partes de Bilbao. Entonces las barreras se abrían y el tráfico volvía a fluir.
Pero también tengo otros recuerdos de aquel puente. Otro día teníamos intención de pasar hacia Deusto, pero unas ruedas ardiendo nos cortaban el paso. A mí aquello siendo un niño me asustaba muchísimo. Casi como aquellos tipos con cresta, vestidos de negro, que veía cuando mi madre nos llevaba de compras por el Casco Viejo, y que tenían su guarida en una siniestra casa (que ahora es un banco y me da más miedo aún). Tiempo después entendí que aquel fue el Gaztetxe más punky de la historia de Bilbao.
Volviendo a la barricada, aquella era escena de agitación era cotidiana en el Bilbao de entonces. Y más cuando se produjo la “batalla de Euskalduna” y durante meses hubo un enfrentamiento a cara de perro entre policías y trabajadores del Astillero Euskalduna. Querían cerrar el astillero, pero los trabajadores no estaban por la labor de perder su puesto de trabajo. Y el campo de batalla fue durante mucho tiempo, el puente de Deusto, donde los policías lanzaban pelotazos desde arriba, y los trabajadores cócteles, tornillos y lo que pillaban en la fábrica desde abajo.
Hoy el puente presenta un aspecto mucho más tranquilo. Es todo un veterano en el paisaje de Bilbao. Ya no se abre, y en cierta manera eso le ha restado algo de encanto. Sin embargo, si nos fijamos cuando pasamos junto a él por la parte inferior, podemos observar sus motores, siempre listos por si vuelve a aparecer un barco lleno de plátanos.




Bonito y nostálgico, como siempre.
“… tenían su guarida en una siniestra casa (que ahora es un banco y me da más miedo aún)”
Jejeje, muy bueno
Gran post. Gracias por los recuerdos.
Lo cierto es que todos vemos un mismo sitio exactamente igual. Sin embargo lo que sentimos al verlo o los recuerdos que nos trae pueden ser totalmente diferentes. Esto sí que ha sido Feeling Bilbao jejeje
Pd: Juin, los bancos dan pánico, pero aquellos punkys con sus crestas no se quedaban atrás cuando yo era niño!